Castro da Pedra Moura

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Introducción: El centinela olvidado del Atlántico

Cierre los ojos e imagine un balcón natural donde el viento del Atlántico golpea con la misma fuerza que hace tres milenios. Estamos en la cima del Monte de As Pinceiras, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido entre el aroma del pino y el salitre que sube desde la costa. Resulta perturbador y fascinante preguntarse por qué, en plena Edad del Hierro, una comunidad entera decidió establecer su vida a esta altura, desafiando a los elementos. No era solo una cuestión de supervivencia; era una declaración de poder. El Castro da Pedra Moura no es solo un yacimiento arqueológico: es un enigma de granito que guarda secretos sobre guerreros, artesanos y seres mitológicos que aún hoy, entre la bruma gallega, parecen negarse a desaparecer.

1. Un mirador estratégico con 3.000 años de historia

Este asentamiento, conocido también como Castro de Barcalla u O Crasto dos Mouros, es una lección de geografía militar. Aunque la zona arqueológica general se sitúa en torno a los 198 metros de altitud, el promontorio alcanza su cota máxima en los 258 metros sobre el nivel del mar, proporcionando una ventaja táctica absoluta. Habitado ininterrumpidamente desde finales de la Edad del Bronce (siglo IX a.C.) hasta la romanización (siglo II d.C.), el castro funcionaba como el corazón de una red defensiva interconectada.

Desde aquí, los pobladores no solo dominaban visualmente el Val Miñor y la desembocadura del río Miñor, sino que mantenían una conexión visual directa con otros puntos clave como el Monte Galiñeiro o el Cabo Silleiro. En un mundo donde la seguridad dependía del control del horizonte, este «balcón» permitía vigilar la entrada de barcos en la bahía de Baiona y el movimiento en las Islas Cíes. Vivir aquí era poseer la mirada del águila sobre el Atlántico.

2. La «Pedra Moura»: ¿Pisadas divinas o marcas de canteros?

El alma del yacimiento reside en la Pedra Moura, una imponente mole granítica que sirve de frontera entre la realidad técnica y el mito. La arqueología más pragmática sugiere que algunas hendiduras paralelas son marcas de cuñas de madera dejadas por antiguos canteros. Sin embargo, la tradición prefiere ver en ellas podomorfos (grabados con forma de pies) o «pisadas de buey» que señalan la ubicación de tesoros ocultos.

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Un detalle crucial es la cruz grabada en la roca, una intervención medieval o moderna que buscaba «cristianizar» un espacio cargado de simbolismo pagano. Sobre la importancia territorial de estos grabados, los investigadores en foros como Celtiberia.net apuntan:

«Son unos podomorfos y servían para limitar territorios, aún hoy me parece allí haber límite… y, me parece, que también en la misma peña una cruz de término».

Pero la mística no termina en los pies. Los lugareños aún hablan de una cabra encantada que custodia la peña, sumando otra capa de simbolismo animal a un lugar donde el granito parece cobrar vida.

3. La leyenda de la «Moura» y el peine de oro

En la mitología gallega, los «mouros» no son invasores, sino seres feéricos y constructores de lo antiguo. La leyenda más cautivadora de este lugar es la de la Moura, una mujer de belleza sobrenatural que aparece con los primeros rayos de sol. El portal Patrimonio Galego rescata esta imagen evocadora:

«…unha muller loira que saía todas as mañás a resollar ao sol, peiteándose cun rico peite de ouro que facía engaiolar a todos os mozos que a vían».

El balcón de los 3.000 años: Oro, leyendas y granito en el Castro da Pedra Moura

Estas historias no son meros cuentos de viejas; funcionaban como un mecanismo de protección cultural. Al asociar el castro con mujeres poderosas y peines de oro, la comunidad generaba un respeto sagrado (y un temor saludable) que ayudó a preservar las piedras del yacimiento durante siglos frente al expolio o la destrucción.

4. El túnel secreto hacia la Fortaleza de Monterreal

La narrativa popular insiste en la existencia de un túnel secreto que conecta las entrañas del castro con el Castillo de Monterreal (o Monte Boi) en Baiona. Aunque la ingeniería de la Edad del Hierro hace físicamente imposible un pasadizo de tales dimensiones bajo el nivel del mar, el mito tiene una raíz histórica fascinante.

Se dice que los jóvenes que bajaban a servir en la Praza de Armas de la fortaleza hasta el siglo XIX utilizaban esta historia como un cordón umbilical que unía su pasado castreño con su presente militar. En el noroeste peninsular, estos «pasadizos al tesoro» simbolizan la continuidad del poder y la resistencia de una identidad que se niega a ser enterrada por el paso de las eras.

5. Un tesoro recuperado por sus propios vecinos

La historia reciente del castro es una crónica de lucha contra el olvido. Tras décadas de abandono e incluso daños graves —como en los años 80, cuando una pista forestal destrozó la muralla norte—, fue la Comunidad de Montes en Mano Común de Borreiros quien tomó las riendas. En 2008, la voluntad vecinal logró una puesta en valor que reveló que Pedra Moura no era solo un fuerte, sino un sofisticado centro de producción.

Las excavaciones sacaron a la luz detalles arquitectónicos asombrosos: mientras las cabañas de vivienda tenían muros finos, otras estructuras más pequeñas presentaban paredes extremadamente gruesas, lo que sugiere que podrían haber sido talleres o almacenes de dos plantas diseñados para soportar grandes cargas. Entre las cenizas del tiempo, se recuperaron:

  • Cuentas de collar de vidrio y sementes, junto a colgantes de bronce.
  • Crisoles de fundición, que confirman una metalurgia avanzada.
  • Semillas carbonizadas de trigo y cebada, testimonio de una agricultura organizada en socalcos.

Conclusión: Un pasado que aún respira

Visitar hoy el Castro da Pedra Moura es una experiencia que agita la conciencia. Aunque las tres viviendas circulares reconstruidas nos permiten tocar la historia, el yacimiento libra una batalla silenciosa contra los elementos. Los paneles informativos blanqueados e ilegibles por el sol y la persistente maleza de tojos y maleza que amenaza con ocultar de nuevo los muros son un recordatorio de la fragilidad de nuestra memoria.

Este centinela de piedra ha resistido 3.000 años, pero su futuro depende de que sigamos mirando hacia su cima. Mientras el sol se pone sobre las Cíes, queda una pregunta flotando en el aire: ¿Cuántos tesoros más, ocultos bajo las raíces del monte de As Pinceiras, aguardan a que decidamos, por fin, desenterrar nuestra propia historia?

CategoríaInformación Detallada
UbicaciónMonte de As Pinceiras, Borreiros/Donas, Gondomar (Pontevedra).
CronologíaOcupación desde la Edad del Bronce (s. IX a.C.) hasta la romanización (s. I-II d.C.).
AltitudEntre 198 y 258 metros sobre el nivel del mar.
CoordenadasLatitud: 42.097597
TitularidadTerrenos comunales de las comunidades de montes de Borreiros y Donas.
CatalogaciónBien catalogado por la Xunta de Galicia (GA36021055).

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